- Elabora
una conclusión acerca de las estrategias que tú llevarías a cabo en caso
de ser el psicólogo que se encargue de dicho tratamiento.
Por lo general, no hace falta ningún tratamiento
para los terrores nocturnos.
Si los terrores nocturnos derivan en posibles
lesiones, resultan perturbadores para los miembros de la familia u ocasionan
vergüenza o interrupción del sueño para la persona que los padece, se podría
requerir tratamiento. Lo cual debemos percatar cual es la verdadera situación y cuales son los desencadenantes. En general, el tratamiento se centra en promover la
seguridad y eliminar las causas o los desencadenantes.
Entre las opciones de tratamiento se
encuentran:
Tratar las afecciones no diagnosticadas. Si los
terrores nocturnos están relacionados con una afección médica o mental no
diagnosticada o con otro trastorno del sueño, como apnea obstructiva del sueño,
el tratamiento debe apuntar al problema de fondo.
Tratar el estrés. Si el estrés o la ansiedad
parecen contribuir al desarrollo de los terrores nocturnos, el médico puede
sugerir una reunión con un terapeuta o consejero. La terapia cognitiva
conductual, la hipnosis, o la terapia de relajación pueden ser útiles.
Despertar anticipado. Supone despertar a la
persona que tiene terrores nocturnos unos 15 minutos antes del momento en el
que suelen ocurrir. Luego, la persona permanece despierta unos minutos antes de
volverse a dormir.
También existen algunas estrategias muy útiles que
pueden ser de apoyo como:
El dormir bien, ya que la fatiga también contribuye
a causar ciertas alteraciones de sueños tratando de evitar ruidos, también es
importante establecer rutinas para que el pequeño pueda estar bien descasado, estableciendo
el lugar más cómodo, leyendo un cuento antes de dormir o darle un baño tibio
antes de acostarse. También es importante tomar medidas de seguridad en el
entorno, por mera precaución. Para reconfortarse ante una situación así ya que
para el padre no es fácil ver que su hijo pasa por esa situación, es bueno abrazarlo
y calmarle suavemente, e intentar llevarlo de nuevo a la cama. Hablándole con
suavidad y con calma. Sacudir al niño o gritar podría empeorar la situación.
Por lo general, el episodio se detendrá solo en poco tiempo. Y un punto muy
importante es buscar un patrón. Si tu hijo tiene terrores nocturnos, lleva un
registro diario del sueño.
BIBLIOGRAFÍA:
Caballo, V. E., & Simón, M. Á. (2002). Manual de psicología clínica infantil y del adolescente: Trastornos específicos.
Diagnóstico, M., & de Transtornos Mentais, E. (2002). DSM-IV-TR. Texto revisado, 4ª edição. Porto Alegre: Artmed.
Jurado Luque M.,Lluch Roselló M. Parasomnias y trastornos del movimiento Pediatr Integral 2010; XIV(9): 711-719
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