jueves, 28 de marzo de 2019

Conclusión



  1. Elabora una conclusión acerca de las estrategias que tú llevarías a cabo en caso de ser el psicólogo que se encargue de dicho tratamiento.
Por lo general, no hace falta ningún tratamiento para los terrores nocturnos.
Si los terrores nocturnos derivan en posibles lesiones, resultan perturbadores para los miembros de la familia u ocasionan vergüenza o interrupción del sueño para la persona que los padece, se podría requerir tratamiento. Lo cual debemos percatar cual es la verdadera situación y cuales son los desencadenantes. En general, el tratamiento se centra en promover la seguridad y eliminar las causas o los desencadenantes.

Entre las opciones de tratamiento se encuentran:

Tratar las afecciones no diagnosticadas. Si los terrores nocturnos están relacionados con una afección médica o mental no diagnosticada o con otro trastorno del sueño, como apnea obstructiva del sueño, el tratamiento debe apuntar al problema de fondo.

Tratar el estrés. Si el estrés o la ansiedad parecen contribuir al desarrollo de los terrores nocturnos, el médico puede sugerir una reunión con un terapeuta o consejero. La terapia cognitiva conductual, la hipnosis, o la terapia de relajación pueden ser útiles.

Despertar anticipado. Supone despertar a la persona que tiene terrores nocturnos unos 15 minutos antes del momento en el que suelen ocurrir. Luego, la persona permanece despierta unos minutos antes de volverse a dormir.

También existen algunas estrategias muy útiles que pueden ser de apoyo como:
El dormir bien, ya que la fatiga también contribuye a causar ciertas alteraciones de sueños tratando de evitar ruidos, también es importante establecer rutinas para que el pequeño pueda estar bien descasado, estableciendo el lugar más cómodo, leyendo un cuento antes de dormir o darle un baño tibio antes de acostarse. También es importante tomar medidas de seguridad en el entorno, por mera precaución. Para reconfortarse ante una situación así ya que para el padre no es fácil ver que su hijo pasa por esa situación, es bueno abrazarlo y calmarle suavemente, e intentar llevarlo de nuevo a la cama. Hablándole con suavidad y con calma. Sacudir al niño o gritar podría empeorar la situación. Por lo general, el episodio se detendrá solo en poco tiempo. Y un punto muy importante es buscar un patrón. Si tu hijo tiene terrores nocturnos, lleva un registro diario del sueño.

BIBLIOGRAFÍA:
Caballo, V. E., & Simón, M. Á. (2002). Manual de psicología clínica infantil y del adolescente: Trastornos específicos.
Diagnóstico, M., & de Transtornos Mentais, E. (2002). DSM-IV-TR. Texto revisado, 4ª edição. Porto Alegre: Artmed.

Jurado Luque M.,Lluch Roselló M. Parasomnias y trastornos del movimiento Pediatr Integral 2010; XIV(9): 711-719

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